miércoles, 28 de diciembre de 2011

Por aquellos que nunca tienen certeza de la próxima navidad...

En estos tiempos que corren, cuando la gente ve con cada vez más desagrado, desconfianza y hasta odio a cualquier cosa que les recuerde a los cuerpos de gobierno, he escuchado cientos de voces en contra de los ejercitos, mejor dicho, en contra de los soldados.

                           
                                             Fuente: http://www.elnuevodiario.com.ni/politica/110882

En Colombia, la cosa es aún más grave con fenómenos como los  falsos positivos y quienes afirman que los soldados son elementos no solo inútiles para la sociedad, sino también nocivos, parecen encontrar apoyo a sus afirmaciones en las noticias del día a día.

Pero hay cosas que no piensan quienes detestan, muchas veces de forma irracional, a los miembros de las Fuerzas Armadas y/o de Policía de su Nación.  Como que, por ejemplo, son esas mismas personas a las que dicen repudiar, las que permiten que disfruten, entre otras cosas, de la libertad con que lo hacen, las mismas que garantizan (en la medida de sus posibilidades), que los negocios donde compran sus cosas puedan funcionar con un mínimo de tranquilidad, que las empresas donde trabajan no tengan que contratar ejercitos de guardaespaldas para cuidar de sus bienes y personas, etc.

Alguien dijo una vez: "los protestantes odian a la poli, hasta que tienen que marcar el 911".  Y le doy la razón.  Muchas veces quienes afirman odiar acérrimamente a los cuerpos armados de su país, son los primeros en acudir a ellos en situaciones donde sus propios medios son insuficientes para salir bien librados, como secuestros, extorsiones, desastres naturales y otros casos en los que suelen ser los civiles la principal causa de sufrimiento de los mismos civiles.

                                           
                                      Fuente: http://www.distritalbrown.com.ar/img/jefatura/gestion_copba.jpg

Pero no son solamente esos los casos en que el acudir a las Fuerzas Armadas se convierte en una tabla de salvación para quienes las atacan tanto con sus argumentos (o aún sin ellos).  Nunca faltarán los dirigentes políticos (civiles en su mayoría), sin escrúpulos que inventen cualquier excusa (o decidan que no la necesitan) para atacar naciones que posean algo que ellos quieren con el fin último de arrebatárselo.  Ya sea por algún recurso natural o tecnológico, por motivos raciales, territoriales, xenofóbicos o religiosos, siempre existirán naciones que atacarán a otras, irrespetando el derecho a la vida y la dignidad que poseen los ciudadanos de los países que agreden.  Cuando eso sucede y las vías diplomáticas se acaban, son los soldados, esos mismos que algunos de sus compatriotas tanto vituperaron, los que terminan hasta sacrificando sus propias vidas por personas que, apesar de que nunca los conocieron realmente, les increparon incesamente.

En realidad, lo que sucede es que con los soldados y policías sucede algo que Niccoló di Bernardo dei Maciavelli (conocido en América Latina y España como Nicolás Maquiavelo) escribió con mucha antelación en su obra Del Arte de la Guerra: "Nunca se considerará bien a quien ejerza una función que, para ser provechosa, le obligue a ser rapaz, fraudulento, violento, y a tener muchas otras cualidades que forzosamente lo hagan malo".

Aunque la rapacidad, fraudulencia y violencia que se exigen hoy de un soldado son distintas de las que se exigía de él en los tiempos de Niccoló, muchos civiles siguen la tendencia a odiarlo de aquellos tiempos, porque además no comprenden la magnitud de la tarea que un soldado, policía o semejante, lleva a cabo.  En ese mismo libro, este autor afirma:

"El mejor de los regímenes, sin la defensa militar, correría la misma suerte que las estancias de un soberbio y real palacio que, aun resplandecientes de oro y lujos, carecieran de techo y no tuvieran cómo resguardarse de la lluvia".

Y no hay mejor forma de describir una de las más importantes funciones de las Fuerzas Armadas: permitir, con la disuasión por la amenaza del uso de fuerza (la misma que a veces es el único recurso que obedecen ciertos seres humanos, en especial aquellos que son nocivos para cualquier sociedad), entre otros recursos, la estabilidad de las comunidades.

Y esa, es una labor que es tan necesaria, como sacrificada.  Porque el médico salva vidas, pero sin arriesgar en gran medida la suya, mientras el soldado, que aunque muchas veces se ve obligado a segarlas, las protege aun a costa de la propia.

Tal vez algún día (creo yo, que muy, muy lejano), la gente obedezca las leyes sin que sea necesario amenazarlos, los países no atacarán a sus vecinos respetando su soberanía y dignidad y los desastres naturales sean tan evitables como lo es hoy el Sarampión en los países desarrollados; pero hasta que ese día no llegue, siempre se necesitarán héroes que estén dispuestos hasta a matar y perder sus vidas para que otros puedan vivirlas en paz, esos mismos héroes que nunca tienen certeza... de la próxima navidad.